2 de junio de 2011

¿Quién desea aún este billete?

Iba con prisas, pero tenía que terminar de limpiar antes de ir al trabajo. Me quedaba ya solo una estantería, la de los libros, así que fuí sin mucho cuidado. Uno de los libros cayó al suelo y el gato salió asustado del cuarto. Bajé de las escaleras para cogerlo. Se había abierto por la página 279, lo cogí y sin poder evitarlo leí...

"Cassan Said Amer cuenta la historia de un conferenciante que comenzó un seminario sosteniendo un billete de 20 dólares y preguntando:
- ¿Quién quiere este billete de 20 dólares?
Se levantaron varias manos, pero el conferenciante advirtió:
- Antes de entregarlo, es necesario hacer algo.
Lo arrugó con toda su furia e insistió:
- ¿Quién quiere aún este billete?
Las manos continuaron levantadas.
- ¿Y si hago esto?
Lo tiró contra la pared, lo dejó caer al suelo, lo arrugó, lo pisoteó y una vez más mostró el billete, ahora inmundo y arrugado. Repitió la pregunta y las manos continuaron levantadas.

- Ustedes no pueden olvidar jamás esta escena- comentó el conferenciante-. No importa lo que yo haga con este dinero, continúa siendo un billete de veinte dólares. Muchas veces en nuestras vidas somos aplastados, pisados, maltratados, ofendidos; ahora bien, valemos, aun así, lo mismo".

Paulo Coelho

Cerré el libro. Sí, ahora comprendo.
Dedicado para aquellas personas que han olvidado su valor.

28 de abril de 2011

Por el puente

Todo el mundo va con prisas. Hoy he ido a una tienda, cerraban a las 20:00 h y eran las 19:34 h, pero aún así, las empleadas daban prisa a los clientes. La tienda estaba llena, y tal y como van ahora las cosas por aquí, hoy era su día de suerte, muy bueno para el negocio y para evitar sus propios despidos, pero aun así... tenian prisa.
-Por favor, póngase ya en la cola- me decía con tono un poco alto la empleada.
-Ya, ya... ya voy- le contesto, mientras miro el reloj. Tengo ganas de decirle a la empleada que aun falta media hora para el cierre, pero me prefiero callar y me pongo en la cola.
Observo mientras tanto. Las empleadas cada vez más nerviosas, se les atascan los tickets de la compra. Al moverse, se tropiezan entre ellas... La otra empleada sigue mandando a los clientes a la cola con el tono cada vez más alto. Los clientes se van malhumorados, algunos se marchan sin comprar...
Y hablando sobre las prisas y la poca paciencia, me viene a la mente este cuento...


Cuentan que a la vera de un río había un monasterio de santos monjes que tenían sus campos de labranza y su granja en la otra orilla. El río era caudaloso y el puente para atravesarlo estaba a media hora corriente abajo. Si llegar a la granja era pesado volver de ella lo era todavía más puesto que la subida era fatigosa.
Uno de los monjes, Fray Juan, bueno como el pan y humilde como la ceniza, iba y volvía en tan poco tiempo que el Abad se maravillaba de su presteza. El Abad anciano y venerable nunca iba a la granja pues se cansaba en exceso; en su lugar mandaba a Fray Juan y en sus manos los encargos parecía que iban volando.

Un día el Abad le dijo a Fray Juan que le contara cómo se lo hacía para ir tan deprisa desde el monastareio a la granja.
- Es que Dios me ha hecho el favor de ir y venir sobre el agua- le respondió Fray Juan.
-¿Por qué Dios te ha hecho tal favor, Fray Juan?- respuso sorprendido el venerable Abad.
-Tal vez porque tengo mucha paciencia y nunca me enfado. dijo el monje en voz muy baja.
-¿Y yo no podría pasar también sobre el agua?- preguntó el Abad recordando que tenía el genio vivo y la paciencia no era su mayor virtud.
-Espero que Dios también le conceda este favor si no se enoja en adelante- susurró el buen monje.

El Abad también obtuvo el favor de Dios porque desde aquel momento no se irritó ni perdió la paciencia. Iba a los campos y a la granja y volvía de ellos andando por encima de las aguas del río.
Si en alguna ocasión el Abad mostraba muestras de enfado, Fray Juan se apresuraba a recordarle: "Padre Abad, no se irrite; si no, tendrá que pasar por el puente". Y el Abad reprimiía su cólera y recobraba la serenidad y la paciencia.

Un día muy caluroso de veran se oyó un grito: "¡Hay fuego en la granja!¡Hay fuego en la granja!". -Tenemos que ir por el camino corto, Fray Juan.
-Por él iremos, Padre Abad, pero sobretodo no se enfade de los contrario tendremos que ir por el puente.
-No te preocupes, Fray Juan, me sabré contener.


Después de haber ayudado a los granjeros a apagra el fuego, cuando solo quedaban brasas esparcidas, el Abad quiso conocer cuál era la causa de aquel desastre.
Los granjeros, muy avergonzados, le confesaron que sus hijos habían pegado fuego a los pajares, ya que andaban jugando con teas encendidas; el viento había hecho el resto.
El Abad, al oírlo, mudó su rostro que tomó un aire severo, terrible, y montó en cólera como si se hubiera roto un dique por la fuerza del agua. Fray Juan le tiraba de la manga y le repetía: "No se irrite, por favor; si no, tendremos que pasar por el puente".

El Abad no le hizo ningún caso. Ni las súplicas de Fray Juan ni los tirones de hábito lo calmaron. Su genio resurgió no había muerto, sólo estaba oculto, como dormido. Su enfado era tan grande que gritó vociferó, dio patadas contra el suelo y llegó a amenazar con su bastón a los traviesos muchachos.
Al volver al monasterio, el Abad enfilaba ya el camino corto, cuando Fray Juan lo descartó diciéndole:
- Reverendo Padre Abad, hoy, puesto que se ha enojado, el agua no lo sostendrá; tendremos que ir por el puente.
Cuando la ira nos hace perder algún premio o alguna ventaja, como acontece a menudo, podemos recordar este cuento y decir resignados:
"Tendremos que ir por el puente"
Jacint Verdaguer



Y supongo que las empleadas, el día que se queden sin trabajo, pensarán para si mismas... "tendremos que ir por el puente"... o quizás digan que la culpa es de la crisis... ¿quién sabe? Pero esa ya es otra historia...


¡Qué desgraciados quienes no tienen paciencia!

¿Cuándo se curó una herida en un instante?

(William Shakespeare)

14 de marzo de 2011

No siempre se gana

"No siempre se gana"- me dijo mi abuelo en una tarde donde todos mis primos me habian ganado jugando a las damas.
Esta vez voy a tener que aplicarme el cuento.

Volveré a sonreir, lo prometo. Pero me duele aprender cosas nuevas... cosas a las que no me acostumbraría ni pasados cien años. Y es que esta vez, la caida ha sido buena...

Si soy sincera... tengo miedo (y no debería) de no recuperarme, o peor, de que me vuelva a pasar. Toda mi seguridad se ha quedado al lado de ese Stop. Triste, sin fuerzas... ¿Dónde esta la persona optimista de siempre?

Y es que en esta vida, como en las damas,... NO SIEMPRE SE GANA.

Y ahora, solo me queda sacar lo mejor de mi misma, de lo bueno, lo mejor y de lo mejor... Bueno, sacando lo mejor voy que chuto XD ¡Milagritos a Lourdes!



Y esta canción demuestra que lo bueno, siempre se puede mejorar.
Desearme suerte para la próxima vez...

1 de febrero de 2011

El amor y el tiempo

"Hubo un tiempo en el que en una isla muy pequeña, confundida con el paraíso, habitaban los sentimientos como habitamos hoy en la tierra. En esta isla vivían en armonía el Amor, la tristeza, y todos los otros sentimientos.


Un día en uno de esos que la naturaleza parece estar de malas, el amor se despertó aterrorizado sintiendo que su isla estaba siendo inundada.Pero se olvidó rápido del miedo y cuidó de que todos los sentimientos se salvaran.

Todos corrieron y tomaron sus barcos, y subieron a una montaña bien alta, donde podrían ver la isla siendo inundada pero sin que corriesen peligro. Solo el amor no se apresuró, el amor nunca se apresura. El quería quedarse un poquito más en su isla, pero cuando se estaba casi ahogando el amor se acordó de que no debía morir. Entonces corrió en dirección a los barcos que partieron y gritó auxilio.

La Riqueza, oyendo su grito, trató luego de responder que no podría llevarlo ya que todo el oro y la plata que cargaba temía que su barco se hundiera. Pasó entonces la Vanidad que también dijo que no podría ayudarlo, una vez que el amor se hubiese ensuciado ayudando a los otros, ella, la Vanidad no soportaba la suciedad. Por detrás de la Vanidad venía la Tristeza que se sentía tan profunda que no quería estar acompañada por nadie. Pasó también la Alegría, pero tan alegre estaba que no oyó la suplica del amor. Sin esperanza el Amor se sentó sobre la última piedra que todavía se veía sobre la superficie del agua y comenzó a menguar.

Su llanto fue tan triste que llamó la atención de un anciano que pasaba con su barco. El viejito tomó al Amor en sus brazos y lo llevó hacia la montaña más alta, junto con los otros sentimientos.

Recuperándose el amor le preguntó a la Sabiduría quien era el viejito que lo ayudó, a lo que esta respondió:
-El Tiempo

El Amor cuestionó :
-¿Por qué solo el Tiempo pudo traerme aquí?

La Sabiduría entonces respondió:
- Porque sólo el Tiempo tiene la capacidad de ayudar al Amor a llegar a los lugares más difíciles... "

29 de noviembre de 2010

El principito y el farolero

"El quinto planeta era muy curioso. Era el más pequeño de todos. Había en el justo el lugar necesario para alojar un farol y un farolero. El principito no lograba explicarse para qué podían servir, en algún lugar del cielo, en un planeta sin casa ni población, un farol y un farolero. Sin embargo se dijo a sí mismo:

"Posiblemente este hombre es absurdo. Sin embargo es menos absurdo que el rey, que el vanidoso, que el hombre de negocios y que el bebedor. Al menos, su trabajo tiene un sentido. Cuando enciende su farol, es como si hiciera nacer una estrella más, o una flor. Cuando apaga su farol, se duermen la flor o la estrella. Es una ocupación muy bonita. Es verdaderamente útil porque es bonita."

Cuando abordó el planeta saludó respetuosamente al farolero:
- Buenos días. ¿Por qué apagaste tu farol ?
- Es la consigna – respondió el farolero – Buenos días.
- ¿Qué es la consigna ?
- Apagar mi farol. Buenas noches.
Y volvió a encenderlo.
- Pero ¿por qué volviste a encerlo ?
- Es la consigna – respondió el farolero.
- No comprendo – dijo el principito.
- No hay nada que comprender – dijo el farolero. – La consigna es la consigna. Buenos días.
Y apagó su farol.

A continuación se secó la frente con un pañuelo a cuadros rojos.
- Tengo un oficio terrible. Antes sí era razonable. Apagaba a la mañana y encendía a la noche. Tenía el resto del día para descansar, y el resto de la noche para dormir...
- ¿Y desde que época la consigna cambió ?
- La consigna no cambió – dijo el farolero. – ¡Ésa es la desgracia ! ¡El planeta fue girando de año en año cada vez más rápido, y la consigna no cambió !
- Y ¿entonces ? – dijo el principito.
- Entonces, ahora que da una vuelta por minuto no tengo ni un segundo de reposo. ¡Enciendo y apago una vez por minuto !
- ¡Tiene gracia ! Los días aquí duran un minuto.
- No tiene ninguna gracia – dijo el farolero. – Hace ya un mes que estamos hablando.
- ¿Un mes ?
- Sí. Treinta minutos. ¡Treinta días ! Buenas noches.
- Y volvió a encender su farol.

El principito lo miró y se sintió cautivado por ese farolero que era tan fiel a la consigna. Recordó las puestas de sol que él mismo iba antes a buscar, corriendo su silla. Quiso ayudar a su amigo:
- Sabes... conozco una manera de descansar cuando tú quieras...
- Siempre quiero – dijo el farolero.
Porque se puede ser fiel y perezoso al mismo tiempo.

El principito prosiguió:
- Tu planeta es tan pequeño que puedes darle la vuelta en tres zancadas. No tienes más que caminar bien lentamente para permanecer siempre al sol. Cuando quieras descansar, caminarás... y el día durará tanto como lo desees.
- Eso no es un gran avance – dijo el farolero. - Lo que me gusta en la vida es dormir.
- Es una lástima – dijo el principito.
- Es una lástima – dijo el farolero. Buenos días.
Y apagó su farol.

"Ése – se dijo el principito mientras proseguía su viaje – ése sería despreciado por todos los otros: por el rey, por el vanidoso, por el bebedor, por el hombre de negocios. Sin embargo, es el único que no me parece ridículo. Es, quizá, porque se ocupa de algo más que de sí mismo."

Suspiró con tristeza y se dijo además:
"Ése es el único que podría haber sido mi amigo. Pero su planeta es, a decir verdad, demasiado pequeño. No hay en él lugar para dos..."

Lo que el principito no se atrevía a confesarse, es que extrañaba ese planeta bendito debido, principalmente, a las mil cuatrocientos cuarenta puestas de sol por cada veinticuatro horas
".


La responsabilidad y el deber forman parte de nuestra vida. Todos tenemos deberes, obligaciones que, nunca lo olvidemos, nosotros mismos nos hemos impuesto o decidido. Estamos por buen camino si hacemos lo que debemos.

Pero cuando, el compromiso, la lealtad y las obligaciones te llevan a una situación absurda, como en el caso del farolero, encender y apagar un farol cada minuto, sin tiempo para nada más,y tu mundo se hace cada vez más pequeño debido a ello, sin dejar sitio a nada ni nadie más. Cuando tu deber ya no tiene sentido y te quita la posibilidad de hacer lo que realmente quieres.

Plantéate en que parte de camino, el mundo empezó a girar más rápido. Quizás esa consigna, que en su día tenía sentido, debería ser cambiada, modificada o eliminada.
Como dice un viejo refrán:
"No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices".
¡Saludos a todos! Sean felices hoy :-)

4 de noviembre de 2010

La tormenta se avecina

"Sé que se avecina una tormenta porque puedo mirar a lo lejos y ver lo que sucede en el horizonte. Por supuesto, la luz ayuda: es el final del atardecer, lo cual hace más nítido el contorno de las nubes. Veo también el destello de los relámpagos.

Ni un solo ruido. El viento no está soplando ni más fuerte ni más débil que antes. Pero sé que se acerca una tormenta, porque estoy acostumbrado a mirar al horizonte.

Me detengo. No hay nada más emocionante o terrorífico que mirar una tormenta que se aproxima. El primer pensamiento que se me ocurre es ir a buscar cobijo, pero eso puede ser peligroso. El cobijo puede ser una especie de trampa, pues de aquí a poco tiempo el viento empezará a soplar, y puede que tenga fuerza suficiente como para arrancar tejados, derribar árboles, destruir cables de alta tensión.

Recuerdo un viejo amigo que de niño vivió en Normandía, y pudo presenciar el desembarco de las tropas aliadas en la Francia ocupada por los nazis. No he olvidado sus palabras: “Me levanté, y el horizonte estaba lleno de barcos de guerra. En la playa al lado de mi casa, los soldados alemanes contemplaban la misma escena que yo. Pero lo que más me aterrorizaba era el silencio. Un silencio total, que precede a un combate a vida o muerte.”
Y ese mismo silencio es el que me rodea. Y poco a poco es sustituido por el murmullo, muy suave, de la brisa en los campos de maíz a mi alrededor. La presión atmosférica está cambiando. La tormenta está cada vez más cerca, y el silencio comienza a ser sustituido por el suave rumor de las hojas.

He presenciado muchas tormentas en mi vida. La mayor parte me pilló por sorpresa, por lo que tuve que aprender, y muy rápidamente, a mirar más lejos, a entender que no soy capaz de controlar el tiempo, a practicar el arte de la paciencia, y a respetar la furia de la naturaleza. Las cosas no siempre suceden como uno quiere, y más vale hacerse a la idea.

Hace muchos años, compuse una canción que decía “perdí el miedo a la lluvia / pues la lluvia, al volver a la tierra, trae cosas del aire.” Es mejor dominar el miedo. Ser digno de aquello que escribí, y entender que, por muy malo que sea el vendaval, en algún momento pasará.

El viento ha aumentado de velocidad. Estoy en un campo abierto, hay árboles en el horizonte que, por lo menos en teoría, atraerán los rayos. Mi piel es impermeable, por muy empapada que tenga la ropa. Por lo tanto, más vale disfrutar de esta vista, en lugar de salir corriendo en busca de cobijo.

Pasa media hora. A mi abuelo, ingeniero, le gustaba enseñarme las leyes de la física mientras nos divertíamos: “después de ver el rayo, cuenta los segundos y multiplícalos por 340 metros, que es la velocidad del sonido. Así sabrás siempre a qué distancia suenan los truenos”. Un poco complicado, pero me acostumbré a hacerlo desde niño: en este momento, la tormenta se encuentra a dos kilómetros de distancia.

Aún hay suficiente claridad para que pueda ver el contorno de las nubes que los pilotos llaman CB, cumulonimbos, con su forma de yunque, como si un herrero estuviese martilleando los cielos, forjando espadas para dioses enfurecidos, que en este momento deben de estar sobre la ciudad.

Veo la tormenta que se aproxima. Como cualquier otra tormenta, trae consigo destrucción, pero al mismo tiempo moja los campos, y la sabiduría del cielo desciende junto con su lluvia. Como cualquier otra tormenta, pasará. Cuanto más violenta sea, más rápido lo hará.

Gracias a Dios, aprendí a enfrentarme a las tormentas"



Paulo Coelho


Las tormentas no siempre pueden evitarse. Podemos intentar huir, buscar refugio, pero algunas... son inevitables. Lo mejor que podemos hacer es afrontarlas, pues forman parte de la vida.

En ocasiones, llamamos a estas tormentas un producto de la mala suerte o del destino (¿Por qué yo?, ¿cuándo va a pasar esto?), pero no son otra cosa que pruebas, desafíos, a veces límites, que nos vamos a ir encontrando por el camino.

Tenemos la capacidad, el potencial y la oportunidad de pasarlas, y con ello aprender... o no. Una oportunidad de ver si, en lo profundo, hemos aprendido algo durante el camino, de poder utilizar nuestras armas y de poder aplicar a la práctica todas las lecciones.

Disfruta del Sol mientras se pueda y cuando llegue la tormenta, recuerda que ninguna tormenta, ninguna oscuridad, dura eternamente.

19 de mayo de 2010

Con todas tus fuerzas

Un padre estaba observando a su hijo pequeño que trataba de mover una maceta con flores muy pesada. El pequeño se esforzaba, sudaba, pero no conseguía desplazar la maceta ni un milímetro.
-¿Has empleado todas tus fuerzas?-le preguntó el padre.
-Sí- respondió el niño.
-No- replicó el padre- aún no me has pedido que te ayude.


Y, ¿realmente has luchado con todas tus fuerzas?
Nunca dije que fuera fácil, pero ya sabes, igual que en la película de Pinocho donde Pepito Grillo le dice: "si me necesitas, dame un silbidito"....
Dame un silbidito, estoy aquí.

¡Saludos a todos!

5 de mayo de 2010

Premio Princesa. Gracias Happy Eyes.


Hola de nuevo a todos, una actualización rápida aunque enormemente agradecida. Gracias Happy Eyes por este premio. :)

2) Decir el autor que te encanta: Paulo Coelho.
3) Nombra un autor que destestas: No recuerdo el nombre, era una escritora joven, pero no comprendo como puede salir un libro al mercado con tantas faltas de ortografía.
3) El libro que más te gusta: El alquimista.
4) ¿Qué te emociona siempre?: Los pequeños detalles basados en el cariño. Me gusta observarlos por la calle.
5) ¿Algo que odies?: La injusticia, la prepotencia, el egoismo..
6) Pasar el premio a 7 blogs... Aqui llega la parte divertida, empezamos con todas las princesas del reino de los lobos...

1) Princesita Bambu. Por saber doblarse sin romperse y sacudirse cuando la tierra tiembla.
2) Princesita Cien gotas de amor. Contigo una más...
3) Princesita Diosaoasis. Por toda su ilusión.
4) Princesita Natacha. Por ser capaz de cerrar el libro, aunque este en la Luna.
5) Princesita Ivana. Por su luz.
6) Princesita Pitusa. Felicidades por tu nuevo embarazo.
7) Princesita Lulu. Por tener la valentia de ser la hoja en blanco.
¡Saludos a todos! Y enhorabuena a todas las princesas :)

20 de abril de 2010

La leyenda de San Jorge

“Cuenta la leyenda, que un antiguo reino llamado Selem, habitaba un dragón que atacaba cruelmente a la gente que en el vivía. El pueblo decidió, que para evitar los ataques, entregarían a una persona cada día para ser devorada por el dragón y así evitar daños mayores. Cada día se hacía un sorteo y se enviaba a dicha persona a la cueva del dragón.
Un día del sorteo salió el nombre de la princesa, la cual fue voluntariamente aunque muchos se ofrecieron en su lugar. Fue caminando hasta la guarida del dragón y cuando éste la iba a devorar apareció San Jorge, luchó contra el dragón y lo mató. Rescató a la princesa y liberó al pueblo de su opresión”.


No fue la muerte del dragón lo que le convirtió en un ejemplo a seguir, sino su decisión y valentía con la que se enfrentó a sus temores para ayudar a los demás, pese a poner en peligro su vida.

Quedaron atrás el tiempo de los dragones, los caballeros y las damas en apuros, pero existen otras cosas que nos dan miedo o nos tienen sometidos como el egoísmo, el racismo, la violencia… incluso existe un dragón aun más fuerte, los que llevamos dentro, las dudas, la envidia, el rencor...
Se fuerte y valiente, empuña tu mejor arma y no te detengas… ya llega, es el momento, vale la pena luchar por ello. ¡Luchemos!


“Veo en vuestros ojos el mismo miedo que encogería mi corazón.
Pudiera llegar el día en el que el valor de los hombres decayera
y de que olvidáramos a nuestros compañeros
y que rompiéramos los lazos de nuestra comunidad,
pero hoy no es ese día.

En que una manada de lobos revindicara su victoria
sobre unas espadas y escudos rotos,
pero hoy no es ese día.

¡Hoy, lucharemos!".

Y esta vez no me rindo, he decido luchar contra mis propios dragones y los que hagan faltan. ¿Y tú? ¿Cuándo fue la última vez que luchastes por algo?
¡Saludos a todos!