11 de noviembre de 2008

El optimista y el pesimista

Bueno cuando crees que ya ningún niño te puede sorprender. Siempre llega alguno, con algún comentario con alguna idea descabellada y te hace reir a carcajadas.

Como un Sábado más, estaba hablando con algunos de mis troperos de mi grupo Scout. De repente se me planta delante uno de los troperos. Me interrumpe y me dice:

- ¡¡Eva, he descubierto como ser más alto!!
(Claro, ni él ni yo podemos presumir de altura desde luego...)
-Dime, dime que eso me interesa...
- Pues he descubierto que peinándome el pelo hacía arriba mido unos centímetros más... (mientras tanto, él se peina hacía arriba y me demuestra que es cierto lo que dice midiéndose en la pared...)

Yo me troncho de risa y él, él por supuesto que también...

Reírse de uno mismo, tomarse las cosas con sentido del humor, siendo optimistas. Creo que es lo mejor que se puede hacer. Este chico del que os hablo podía haber cogído otro camino y sin embargo, eligió el mejor, reírse de sí mismo y no dejar que se borre su sonrisa.

Y hablando de optimistas... Me viene a la cabeza este cuento:

Érase una vez dos niños, uno optimista y otro pesimista.
En casa, cada uno disponia de su propio cuarto de juegos.

El pesimista lo tenía todo lleno de juguetes que le habían regalado sus familiares y amigos con motivo de su cumpleaños o como regalo de Navidad.
Ahora bien, el niño siempre los recibía con lágrimas, pues nunca le regalaban lo qué el más quería: un tambor.
Tal era su obsesión por conseguir un tambor que era incapaz de contentarse con otros juguetes, por muy bonitos y divertidos que fuesen. Eso explica por qué todos los regalos estaban tirados por el suelo, completamente abandonados por su dueño.

El pequeño optimista no era tan afortunado, sus padres no tenían dinero para comprarle regalos. Lo único que tenía en su cuarto era un triste montoncito de estiércol de la granja y un tenedor.

Una tarde, como tantas otras, los padres se asomaron a los cuartos de recreo de sus hijos para verles jugar. Como de costumbre, el pequeño pesimista estaba lloriqueando porque no lograba encontrar un tambor entre su enorme montaña de juguetes.

En el cuarto del pequeño optimista el panorama era bien distinto. Al asomarse vieron a un niño risueño y feliz escarbando animadamente entre el estiércol con el tenedor. Mientras removía la pestilente masa, se decía en voz alta, con ojos llenos de emoción:

-Si tenemos estiércol en la granja, es porque hay un caballito cerca...

La misma situación y diferente manera de afrontarla.
¿Y tú lector?¿Qué te consideras, optimista o pesimista?

7 comentarios:

Nerina Thomas dijo...

Siempre el vaso lleno, sin duda.Lo que paso, ya fue. Lo que viene siempre es mejor.Disfruto de tus cuentos y mucho. Gracias!!

Lobo Atento dijo...

Gracias Nerina.
Yo también me considero más optimista que pesimista, aunque también depende de la situación y el momento

Cristian dijo...

Yo me considero optimista más que pesimista.

infinito81 dijo...

yo me considero un poco pesimista pero la mayor parte del tiempo soy optimista, me gusta ver el vaso medio lleno que medio vacío.
jajaja
besos
elfa magica

Diosaoasis dijo...

Siempre el ser humano pasa por varias situaciones y por eso a veces puede ser optimista o pesimista, pero lo importante es que al final logre permanecer optimista ante cualquier adversidad siempre pensando que todo tiene solución, y que solo son cosas que pasan y serán solucionadas como lo más simple de la vida.
Saluditos.

SANDRA dijo...

hermoso sitio tienes me encantan los cunetos asi que aca me tines recoriendolo besos

desde la distancia


te acompaño



exitos

Lobo Atento dijo...

Hola a todos!!
Veo gente nueva por el blog. Pues nada bienvenidos y muchas gracias por comentar. Pasaros siempre que queráis.

Infinito, me alegro de volver a verte por aquí. Nos seguimos leyendo.

Diosaoasis, una vez más, gracias por pasarte y comentar. Nos seguimos leyendo.

Saludos!!

Follow by Email